jueves, enero 20, 2011

La caída

En momentos como estos
embarga el alma mía
una soledad oscura
como tu voz.
Mi reflejo en la pantalla
me recrimina:
-¿Por qué deje de amarte
cuando tú más me querías?.
¿Por qué te dejé marcharte
esa noche fría?-.
-Porque ya no eras mía,
no eras mía- dice mi propia voz.
La soledad vuelve a acariciarme el rostro
y me hundo en anhelos:
Volví a soñar tus sueños
sin esperanza de verlos.
Volví a sentir tu ausencia
sentada en mi lecho.