Recuerdo que la lluvia había pasado
y la tarde era soleada.
Que al llegar eras un mar de fuego
y yo un muro de piedra.
Que al hablar, tu voz temblaba
y tus manos no me buscaban.
Que me senté lejos de tí
y de tu piel.
Que me miraste pidiendo perdón.
Que mi piedra se hizo polvo
y tu mar, brisa de invierno.
Que te abracé muy fuerte
cuando llorabas
y yo me deshice en un río japonés.
Que nos dijimos mentiras
e insistimos que nos amabamos.
Que me diste un beso lleno de lágrimas,
que no me ha alcanzado
para tan largo viaje.
Recuerdo que te ibas bajo un paraguas
y me pediste que no mirara atrás.
Y me quedé observandote
mientras caminabas
y aunque no traías falda
yo me fuí enredado en ella.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario